Apocalipsis, una tragicomedia musical

Apocalipsis de Jean-Pierre Martinez

Desde hace ya varias décadas, las olas de calor se suceden, cada vez más tempranas, más largas y más severas. Los «récords» de temperatura se baten año tras año. La Humanidad parece correr hacia su perdición, incapaz de reformarse para evitar este apocalipsis anunciado. Este implacable mecanismo es el mecanismo mismo de la tragedia: ya sabemos que todo acabará mal, pero no podemos hacer nada para impedirlo…

Jean-Pierre Martinez, dramaturgo y letrista a la vez, ha decidido sin embargo dar la voz de alarma, con sketches y canciones. Con gravedad, aunque no sin humor, nos alerta sobre la fragilidad de la especie humana y sobre lo absurdo de su destino si llegara a desaparecer teniendo, al mismo tiempo, conocimiento del peligro mortal que la amenaza y los medios para evitarlo. A menos que la desaparición de la Humanidad esté inscrita en su ADN, sin que nada pueda cambiar su final programado…

Reparto variable: para uno o varios dúos, hasta ocho, de cualquier sexo.

Play published online in June 2026

Las canciones pueden ser interpretadas en directo por los actores de la obra o por cantantes, acompañados por músicos presentes en escena, o cantando sobre una versión instrumental de acompañamiento grabada, facilitada previa solicitud por el autor. Las canciones también pueden difundirse como banda sonora integrada en el espectáculo.

1 – La Caída de Ícaro

Canción Le Bocal

2 – Climatoescéptico

Canción Canicule

3 – La Teoría de las Catástrofes

Canción Après nous le déluge

4 – La Edad de Piedra

Canción Quatre étoiles

5 – La rebelión o la revolución

Canción Un bref instant d’éternité

6 – Apocalipsis

Canción Attention fragile

7 – Las pompas de jabón

Canción Crash zone

8 – El infierno

Canción Bulles de savon

Texto completo de la comedia musical

1 – La caída de Ícaro

Un personaje hace pompas de jabón. Llega otro y se queda mirándolo. Son niños, o bien adultos vestidos de niños. El sexo es indiferente.
Dos – Es divertido.
Uno – Parece que van a subir hasta el cielo.
Dos – Si no estallan antes.
Uno – ¿Qué será lo que las atrae allá arriba?
Una pausa.
Dos – ¿Conoces a Ícaro?
Uno – ¿Ícaro? No… ¿Es un amigo tuyo?
Dos – Es un mito que nos dejaron los griegos. Ícaro es el hijo de Dédalo. Para escapar del laberinto en el que los han encerrado, fabrican unas alas con cera y plumas. Embriagado por la sensación de poder volar como un pájaro, Ícaro se acerca demasiado al sol. La cera empieza a derretirse y cae al mar.
Uno – Vaya historia…
Dos – Tiene un significado simbólico, claro.
Uno – Ah, ¿sí…?
Dos – Es la noción de hybris. Cuando el Hombre intenta escapar de su condición para convertirse en un dios, los dioses se enfadan con él y lo castigan por su orgullo.
Uno – A mí también me gustaría volar. Como una pompa de jabón.
Dos – Sí… pero una pompa de jabón solo dura unos segundos.
Uno – ¿Porque los dioses la hacen estallar para impedirle subir hasta el cielo?
Dos – Puede ser…
Uno – Entonces me gustaría ser una mariposa.
Dos – Una mariposa solo vive un día.
Uno – ¿Y un pájaro?
Dos – Un cuervo puede vivir más de cien años.
Uno – No me gustaría mucho ser un cuervo.
Dos – A mí tampoco.
Una pausa.
Uno – Hace calor.
Dos – Sí.
Uno – Es verano.
Dos – En verano hace calor.
Uno – Y en invierno hace frío.
Dos – Prefiero el verano. Me gusta cuando hace calor.
Uno – A mí también.
Dos – En verano podemos estar fuera todo el día.
Uno – Hay luz durante más tiempo.
Dos – Y además, en verano, son las vacaciones.
Uno – Me gustaría que fuera verano todo el año, ¿a ti no?
Dos – Sí.

2. Climatoescéptico

Luz.
Un personaje está ahí, el mismo de antes o no, hombre o mujer. Llega otro.
Dos – Hace un calor de mil demonios…
Uno – ¡Ah, no! No vas a empezar tú también.
Dos – ¿Qué?
Uno – Es verano, hace calor. Es normal. Tampoco vamos a hacer un drama.
Dos – Ah, no, pero es que hoy…
Uno – Nos dan la lata con eso mañana y noche en las noticias. Que hace mucho calor. Que hay que acordarse de hidratarse. Que no hay que dejar a la suegra a pleno sol dentro del coche…
Dos – Ya, pero… Es verdad que hace calor.
Uno – Hace calor, hace calor… No más que de costumbre. Nos toman por idiotas, te lo digo yo.
Dos – Al parecer, hoy se han vuelto a batir récords.
Uno – Récords… Qué tontería… Esto tampoco son los Juegos Olímpicos.
Dos – La verdad es que los récords de calor son los únicos que aún conseguimos batir en este país de mierda.
Uno – Todo eso son gilipolleces, te lo digo yo. ¡Es por culpa de los ecologistas!
Dos – ¿Es por culpa de los ecologistas que haga calor?
Uno – En cualquier caso, es por culpa de los ecologistas que nos estén dando la matraca con la ola de calor todo el santo día.
Dos – Es verdad que dan por saco, estos ecologistas, pero bueno…
Uno – Si hace calor, eso les da argumentos, ¿entiendes?
Dos – ¿Argumentos?
Uno – Les da agua para su molino, si lo prefieres.
Dos – ¿Para su molino?
Uno – Para sus aerogeneradores, si lo prefieres.
Dos – ¿Los aerogeneradores funcionan con agua?
Uno – Sí, bueno, yo me entiendo…
Dos – Tú eres el único…
Uno – Tampoco te lo voy a explicar con dibujitos. Hace calor: ¡votadme! Así pasaréis menos calor.
Dos – ¿Y qué?
Uno – ¿De verdad crees que si eligiéramos a una presidenta ecologista haría menos calor en verano?
Dos – No sé… Quizá. A los ecologistas nunca los hemos probado.
Uno – Hace calor, vale… Te compras un aire acondicionado y ya está.
Dos – Un aire acondicionado… No es precisamente barato, ¿eh? Y además no es muy ecológico, ¿no?
Uno – ¿Un aire acondicionado no es muy ecológico? Mejor me voy, mira. Antes de que me ponga nervioso.

Enlace a la letra de la canción Canicule

3 – La teoría de las catástrofes

Luz.
Un personaje está ahí, hombre o mujer. Llega otro.
Dos – Hace calor, ¿no?
Uno – Sí… Cada año hace un poco más de calor que el año anterior.
Dos – Y durante un poco más de tiempo.
Uno – Al principio eran unos días.
Dos – Una semana como mucho.
Uno – Lo llamábamos un episodio.
Dos – Sí. Un episodio de ola de calor.
Uno – Ahora ya no es un episodio, tenemos toda la temporada.
Dos – Y las temporadas se suceden, con cada vez más episodios.
Uno – Como en Netflix.
Dos – Ahora son más de seis meses al año.
Uno – Pronto hablaremos de un intermedio de frescor, de vez en cuando.
Dos – Como una pausa publicitaria antes de que continúe la serie.
Uno – ¿Cómo hemos podido dejar que esto ocurriera sin reaccionar…?
Dos – Porque siempre hemos antepuesto el corto plazo al largo plazo.
Uno – Sí. La tasa de paro o el precio de la gasolina antes que la supervivencia de la Humanidad.
Dos – Medio grado más cada año no parece gran cosa.
Uno – Pero al cabo de diez años son cinco grados.
Dos – Y al cabo de medio siglo son veinticinco grados.
Uno – Y veinticinco grados es mucho.
Dos – Demasiado.
Uno – ¿Todavía podemos detener esta máquina infernal?
Dos – Hasta ahora, no hemos hecho más que intentar minimizar los síntomas, sin atacar realmente las causas de la enfermedad.
Uno – Y ahora ya es demasiado tarde.
Dos – En todo caso, eso es lo que nos dicen.
Uno – Los que nos dicen eso están cómodamente instalados en su casa, al borde de la piscina.
Dos – O dentro, con el aire acondicionado.
Uno – Su aire acondicionado, que expulsa el calor al exterior. Allí donde nosotros estamos condenados a vivir, aunque solo sea para ir a trabajar o hacer la compra.
Dos – Hay que llenar la nevera.
Uno – Es una locura, si lo piensas. Toda la porquería que nos venden la guardamos bien fresquita en un frigorífico, mientras nosotros nos morimos literalmente de calor en nuestras jaulas de conejos.
Dos – Al menos, cuando nos morimos, nos meten en una cámara frigorífica.
Uno – Hasta que nos incineran… expulsando aún más carbono a la atmósfera.
Dos – Sí, pero ¿qué podemos hacer?
Uno – Nada.
Dos – Eso es lo que los matemáticos llaman la teoría de las catástrofes.
Uno – ¿La teoría de las catástrofes?
Dos – Cómo la evolución continua y muy progresiva de un solo parámetro provoca de pronto, en un momento preciso, una ruptura brutal de la continuidad y un vuelco irreversible.
Uno – ¿Por ejemplo?
Dos – Una rama en la que estamos sentados, que vamos serrando lentamente, y que acaba rompiéndose de golpe, arrastrándonos en su caída.
Uno – Ya veo… Es lo que se llama la gota que colma el vaso, ¿no?
Dos – Exactamente. Es como con la subida de las aguas.
Uno – O el barco que se está hundiendo porque hay un agujerito en el casco.
Dos – El agua sube un centímetro cada hora. Apenas se nota y, de momento, no cambia nada.
Uno – Pero al final de la semana, el barco se ha hundido más de un metro.
Dos – Pensamos que no vale la pena interrumpir el crucero por eso y poner el barco en dique seco para tapar el agujero. Pero, llegado un momento, el barco se irá a pique de golpe, y ya nada podrá mantenerlo a flote.
Uno – Sabemos que al cabo de un mes el barco se habrá hundido, pero el capitán no se atreve a dejar a la tripulación en paro. Y mientras el crucero se divierta…
Dos – La teoría de las catástrofes también se aplica a los fenómenos sociales. Durante siglos, el pueblo acepta la tiranía sin rechistar, y luego, de pronto…
Uno – Demasiado es demasiado.
Dos – Y llega la revolución.
Una pausa.
Dos – Los franceses consiguieron guillotinar a un rey para hacer su revolución, pero somos incapaces de rebelarnos para detener esto.
Uno – ¿A quién podríamos guillotinar?
Dos – No sé… ¿Al rey de Inglaterra?
Uno – ¿Crees que el rey de Inglaterra es responsable del calentamiento global?
Dos – No, pero guillotinar a un rey nos aliviaría un poco, ¿no?
Uno – Sí…

4 – La edad de piedra

Luz.
Un personaje, hombre o mujer, está ahí. Llega otro.
Uno – Nos estamos asfixiando. ¿Qué está pasando?
Dos – El aire acondicionado ha dejado de funcionar.
Uno – ¿No has conseguido ponerlo otra vez en marcha?
Dos – No está averiado… pero ya no hay electricidad.
Uno – Tampoco tenemos agua.
Dos – Ni internet.
Uno – ¿Cuánto tiempo vamos a aguantar así?
Dos – ¿Sin internet?
Uno – ¡Sin agua! Y sin aire acondicionado…
Dos – ¿A cuánto estamos ahora?
Uno – Rozamos los sesenta grados… ¡Es una locura!
Dos – Es como con el sistema público de pensiones. Los viejos pensaban que el calentamiento global sería el problema de sus nietos.
Uno – Los viejos han muerto, y sus nietos están jubilados.
Dos – Y ahora también es el problema de los viejos.
Uno – Tanto nos dijeron que no se podía hacer nada sin aumentar el déficit y el paro… Ahora hemos alcanzado el pleno empleo y hemos reducido el déficit…
Dos – Pero vamos a morir todos…
Uno – Este país era el más hermoso del mundo. Se ha convertido en un desierto.
Dos – La población del planeta ya se ha reducido a la mitad.
Uno – Pensábamos que los únicos que morirían serían los que no tenían aire acondicionado.
Dos – Así que a los que sí lo tenían les daba igual.
Uno – Y ahora, los que tienen aire acondicionado ya no tienen electricidad para hacerlo funcionar.
Dos – Salvo los que tienen un generador…
Uno – Hasta que se queden sin gasolina para ponerlo en marcha.
Dos – Al parecer, las pocas decenas de multimilmillonarios que poseen el 90 % de la riqueza mundial están construyendo una nave espacial para abandonar la Tierra.
Uno – ¿Para ir adónde?
Dos – No sé… A otro planeta, supongo… Para volver a hacer exactamente lo mismo.
Uno – Pero nosotros estamos condenados a morir aquí.
Dos – ¿Cómo hemos podido dejar que esto ocurriera…?
Uno – Al principio, cuarenta grados en verano parecía inimaginable. Luego se convirtió en la norma. Llegamos a los cincuenta. Cuarenta grados pasó a ser los buenos viejos tiempos. Hoy superamos los sesenta.
Dos – El aire acondicionado era un lujo. Se ha convertido en una cuestión de supervivencia.
Uno – Y ahora el aire acondicionado ya no funciona.
Dos – Ha llegado el momento de pagar por nuestra ceguera de los últimos cincuenta años.
Uno – ¿Crees que aún podemos invertir la tendencia?
Dos – Nos dicen que no. A menos que volvamos a la edad de piedra…
Uno – Volver a la edad de piedra. Si esto sigue así, ya ni siquiera tendremos esa posibilidad…

5 – La rebelión o la revolución

Luz.
Un personaje, hombre o mujer, está ahí. Llega otro.
Uno – ¿Qué es ese jaleo?
Dos – Un motín.
Uno – ¿Un motín?
Dos – En la periferia la gente no tiene aire acondicionado. Se muere de calor. Literalmente. Así que suben a la capital. Invaden todos los lugares climatizados. Oficinas, administraciones, ministerios… La policía intenta impedirles la entrada…
Uno – Incluso se oyen disparos…
Dos – Si me hubieran dicho que un día la gente se pelearía por un poco de frescor…
Uno – Un poco de frescor… Se pelean por sobrevivir, simplemente…
Dos – ¿Y el Gobierno no hace nada?
Uno – El presidente se dirigirá esta noche a la nación… desde su despacho climatizado.
Dos – ¿Y qué nos va a decir esta vez? ¿Que hay que cerrar las persianas durante el día? ¿Que hay que acordarse de hidratarse?
Uno – Lo sabían. No hicieron nada durante todos estos años.
Dos – Y ahora nos dicen que ya no se puede hacer nada. Que es demasiado tarde. Que hay que adaptarse si no queremos desaparecer, como los dinosaurios.
Uno – Nosotros también lo sabíamos. Y tampoco hicimos nada.
Dos – ¿Qué podíamos haber hecho?
Uno – Podíamos habernos rebelado. En el pasado, fuimos capaces de hacer una huelga general por subidas salariales. Y nunca fuimos capaces de hacer lo mismo para no morirnos de calor, o para no quedar sumergidos por la subida de las aguas.
Dos – Porque es un problema mundial. La gente se decía: de qué sirve dejar de contaminar aquí, si el resto del mundo sigue quemando carbón y petróleo. Para poder inundarnos con productos baratos.
Uno – Es verdad. Nos faltó solidaridad. Y ahora vamos a palmarla todos. Juntos.
Dos – Pensábamos que solo los hombres eran mortales, no la Humanidad. Sin embargo, a escala del universo, la Humanidad existe desde hace apenas un instante. ¿Cómo pudimos creer que viviría para siempre?
Uno – Nos burlamos de los dinosaurios porque no supieron adaptarse. Pero los dinosaurios dominaron la Tierra durante casi 200 millones de años. La Humanidad como tal solo existe desde hace unas decenas de miles de años, y ya está al borde de la extinción.
Dos – Y además los dinosaurios sucumbieron a una causa exterior. La caída de un meteorito. No tuvieron mucho tiempo para adaptarse. Los hombres van a palmarla por las consecuencias de su propio comportamiento, porque son incapaces de cambiarlo.
Uno – Como un fumador o un alcohólico, que se muere de cáncer porque no tuvo la voluntad de dejar de beber o de fumar a tiempo.
Dos – Es como si el final de la Humanidad ya estuviera inscrito en sus propios genes. El hombre es una bomba de relojería.
Uno – Y la cuenta atrás ha empezado…
Una pausa.
Dos – ¿Sabes de dónde viene la palabra canícula?
Uno – No, pero me da que me lo vas a contar…
Dos – En latín, canicula significa perrita, que es el nombre de la estrella Sirio, situada en la constelación del Can Mayor. En la Antigüedad se pensaba que, cuando Sirio salía al mismo tiempo que el Sol, su calor se sumaba al de este y provocaba los grandes calores del verano.
Uno – O sea que la canícula no es cosa de ayer…
Dos – No… Y el calentamiento global tampoco. Al empezar a hacer fuego, fueron los hombres prehistóricos quienes pusieron en marcha este proceso mortífero, que se aceleró a partir de la revolución industrial.
Uno – Lo que haría falta es hacer una segunda revolución industrial, pero al revés. Para detener esta máquina infernal…
Dos – ¿Crees que podría empezar con este motín?
Uno – Falta saber si es una revolución o una simple revuelta…

6 – Apocalipsis

Luz.
Un personaje, hombre o mujer, está ahí. Llega otro.
Uno – ¿Has oído la radio?
Dos – ¿La radio? ¿Eso todavía existe?
Uno – Desde que la última cadena de televisión dejó de emitir, han vuelto a abrir una emisora de radio.
Dos – ¿Y qué?
Uno – Esta vez creo que es el final.
Dos – ¿El fin del mundo, quieres decir?
Uno – El fin de la Humanidad, en todo caso.
Dos – Es verdad que la Tierra, por su parte, ha visto cosas peores. Períodos glaciares, períodos de sobrecalentamiento, caídas de meteoritos…
Uno – Al cabo de unos siglos, la Tierra se recuperará, eso seguro. Pero nosotros…
Dos – Quisimos volar demasiado alto. Demasiado deprisa. Nos quemamos las alas. Y ahora estamos en caída libre. Nos vamos a estrellar todos.
Uno – Eso me recuerda a algo…
Dos – ¿Y qué dicen en la radio?
Uno – Dicen que hay que rezar.
Dos – ¿Rezar?
Uno – La única radio que aún podemos escuchar es una radio que nos anuncia que el apocalipsis será mañana. Y que hay que prepararse.
Dos – ¿Prepararse? ¿Cómo?
Uno – Rezando, precisamente…
Dos – Ojalá con todas sus oraciones hubieran podido evitar esto.
Uno – Y eso que, desde que existe la Humanidad, oraciones ha habido unas cuantas.
Dos – Habríamos hecho mejor en rezar un poco menos y actuar un poco más.
Uno – Después de cada catástrofe natural, terremoto, inundación, incendio forestal… En medio de las fosas comunes, los supervivientes daban gracias a Dios por haber salvado su pequeña persona.
Dos – Y aún hoy, los pocos supervivientes muy provisionales de este apocalipsis siguen dando gracias a su Dios.
Uno – ¿Crees que el último superviviente de la Humanidad, antes de desaparecer, seguirá dando gracias a Dios por haberlo salvado?
Dos – Lo que está claro es que Dios desaparecerá con el último hombre lo bastante gilipollas como para creer en él.
Uno – Es una de las pocas razones para tener esperanza ante la perspectiva de este apocalipsis…

7 – Pompas de jabón

Luz.
Un personaje, hombre o mujer, hace pompas de jabón. Llega otro.
Dos – ¿Qué haces…?
Uno – Pompas de jabón.
Dos (perplejo) – Eso ya lo veo… Pero quiero decir…
Uno – ¿Nunca has hecho pompas de jabón?
Dos – Sí… Seguro… Cuando tenía cinco o seis años, supongo…
Uno – Sí… Yo también… He decidido volver a hacerlo…
Dos – Ah, sí…
Uno – ¿Sabes lo que decía Nietzsche sobre las pompas de jabón?
Dos – ¿Nietzsche?
Uno – «Para mí, las mariposas, las pompas de jabón y los seres humanos que se les parecen son los que más saben de la felicidad.»
Dos – ¿Nietzsche dijo eso?
Uno – En Así habló Zaratustra.
Dos – Bueno…
Uno – Ya ves… Nietzsche también hacía pompas de jabón.
Dos – Vale…
Uno – ¿Y tú por qué lo dejaste?
Dos – ¿Dejar? ¿Dejar qué?
Uno – De hacer pompas de jabón. Decías que las hacías cuando tenías cinco o seis años. ¿Por qué dejaste de hacerlas?
Dos – No sé… Al cabo de un tiempo, pasé a otra cosa, supongo.
Uno – Otra cosa… ¿A qué, por ejemplo?
Dos – Después… empecé a fumar.
Uno – De acuerdo… Pero fumar…?
Dos – Sí, porros también.
Uno – ¿Y después…?
Dos – Después… también lo dejé.
Uno – ¿Y ahora?
Dos – Ahora vapeo.
Uno – Deberías intentar volver a las pompas de jabón.
Dos – Sí, quizá… (Una pausa) ¿Seguro que estás bien?
Uno – Sí, ¿por qué?
El otro mira a su alrededor.
Dos – Hacía tanto tiempo que no venía aquí.
Uno – Sí…
Dos – ¿Y tú?
Uno – ¿Yo?
Dos – ¿Cuánto tiempo hace?
Uno – No sé… Debe de hacer… En realidad, no estoy seguro de haber venido antes, ¿no?
Dos – No… No, yo tampoco…
El otro también mira a su alrededor.
Uno – En todo caso, no ha cambiado nada.
Dos – No…
Silencio.
Uno – Al mismo tiempo…
Dos – ¿Qué?
Uno – ¿Cómo podemos saber que no ha cambiado, si nunca habíamos venido antes?
El otro vuelve a mirar a su alrededor.
Dos – No hay nada. ¿Cómo quieres que haya cambiado?
Uno – Es verdad… La nada no cambia, ¿no?
Dos – No.
Una pausa.
Uno – ¿Sabes lo que dijo Nietzsche sobre la nada?
Dos – No… (Espera que el otro se lo aclare, pero el otro no dice nada) ¿Qué dijo?
Uno – Ni idea…
Dos – Entonces, ¿por qué me preguntas qué dijo Nietzsche sobre la nada?
Uno – Pues… Para saberlo… Pensé que quizá tú lo sabías…
Dos – ¿Lo que dijo Nietzsche sobre la nada? ¿Pensaste que yo lo sabía?
Uno – Tienes razón, es una tontería. Además, quizá no dijo nada en absoluto.
Dos – ¿Sobre la nada?
Uno – Sí.
Dos – No decir nada sobre la nada seguramente es lo mejor que se puede hacer, ¿no?
Uno – Sí…
Dos – Debes de estar confundiéndolo con Sartre.
Uno – ¿Sartre dijo algo sobre la nada?
Dos – Creo que sí… ¿No?
Uno – Sí, quizá.
Dos – ¿Pero qué…?
Uno – Esto…

Enlace a la letra de la canción Crash Zone

8 –El infierno

Luz.
Un personaje, hombre o mujer, está ahí. Llega otro.
Dos – ¿Sigues aquí…?
Uno – ¿Dónde quieres que esté?
Dos – Es verdad, tienes razón…
Una pausa.
Uno – Entonces ahora nos tuteamos, ¿no?
Dos – No sé… Sí… ¿Por qué no? ¿Antes nos hablábamos de usted?
Uno – ¿Antes de qué?
Dos – Antes… Antes de tutearnos…
Uno – No sé… No me acuerdo.
Dos – Yo tampoco.
Uno – ¿Prefieres que nos tratemos de usted?
Dos – No, no… Con todo el tiempo que hace que nos conocemos…
Uno – Claro… (Una pausa) Por cierto, ya no me acuerdo… ¿Dónde nos conocimos?
Dos – Aquí, creo.
Uno – De acuerdo…
Dos – ¿Qué?
Uno – ¿No habíamos dicho que nunca habíamos venido aquí? ¿Que era la primera vez?
Dos – Sí…
Uno – ¿Cómo íbamos a habernos conocido aquí, si nunca hemos venido?
Dos – Ah, sí, ahí tienes razón.
Uno – Pues sí…
Dos – Es curioso. Y, sin embargo, tu cara me sonaba.
Uno – ¿Ah, sí…?
Dos – Tenía la impresión de haberte visto ya en alguna parte.
Uno – Entonces debimos de conocernos en otro sitio.
Dos – Sí… (Una pausa) ¿En otro sitio…?
Uno – Si no nos hemos conocido aquí… ni en otro sitio, es que no nos habíamos conocido nunca antes, ¿no?
Dos – Sí, tiene sentido…
Uno – ¿Eso quiere decir que, en realidad… no nos conocemos?
Dos – Sí…
Silencio.
Uno – Entonces, ¿por qué nos tuteamos?
Dos – Quizá nos conocimos… en otra vida.
Uno – ¿Cómo que en otra vida? Solo se vive una vez, ¿no? Bueno, no sé… Eso es lo que siempre me han dicho…
Dos – Tengo una explicación, pero no sé si te va a gustar.
Uno – Llegados a este punto…
Dos – Si solo se vive una vez, si no nos hemos conocido nunca ni aquí ni en otro sitio, y aun así nos conocemos… es que no estamos en ninguna parte.
Uno – Y sobre todo, es que estamos muertos…
Dos – No veo otra explicación. ¿Y tú?
Uno – No, yo tampoco. (Una pausa) Y… ¿de qué habríamos muerto, entonces?
Dos – ¿De qué?
Uno – Sí, de qué. Habremos muerto de algo, ¿no?
Dos – O sea, te digo que estamos muertos, y la primera pregunta que se te ocurre es de qué hemos muerto.
Uno – Tampoco hace falta ponerse desagradable… Me pregunto si al final no será mejor que nos tratemos de usted.
Dos – Yo qué sé… Hay muchas formas de morir… pero el resultado es el mismo, ¿no?
Uno – Sí, no te falta razón…
Una pausa.
Dos – Falta saber si estamos en el paraíso o en el infierno.
Uno – Debemos de estar en el infierno.
Dos – ¿Por qué?
Uno – Hace muchísimo calor, ¿no?
Dos – Sí, ahora entiendo mejor la expresión «arderéis en el infierno».
Uno – En el paraíso debe de haber aire acondicionado. Y además… en el paraíso deberíamos estar solos, ¿no?
Dos – ¿Solos? ¿En aislamiento, quieres decir?
Uno – Es verdad que en la cárcel meten en aislamiento a los presos rebeldes para castigarlos.
Dos – Entonces, ¿por qué dices que en el paraíso deberíamos estar solos?
Uno – ¿No fue Sartre quien dijo: «el infierno son los otros»?
Dos – ¿Sartre? Sí, quizá…
Uno – Si el infierno son los otros, en el paraíso uno debe de estar solo, ¿no?
Dos – Sería lógico, en todo caso.
Una pausa.
Uno – No nos acordamos de nada. ¿Por qué me acuerdo de Sartre?
Dos – Y de Nietzsche.
Uno – ¿Tú te acuerdas de algo?
Dos – No sé… Me acuerdo… de que ya hacía calor.
Uno – ¿Calor?
Dos – Muchísimo calor.
Uno – Pero calor… ¿como aquí?
Dos – Sí, eso es… Como en el infierno. Pero en la Tierra.
Uno – Entonces así habríamos muerto…?
Dos – ¿Así?
Uno – Un golpe de calor. Pasa.
Dos – Sí… Quizá nos habíamos ido de excursión por el desierto, sin agua, y morimos de sed.
Uno – O quizá hemos muerto todos.
Dos – ¿Todos? ¿El fin del mundo, quieres decir?
Uno – El fin de la Humanidad, en todo caso.
Dos – Entonces, ¿por qué solo estamos nosotros dos?
Uno – Quizá fuimos los dos últimos.
Dos – Quizá… Como Adán y Eva fueron los dos primeros.
Uno – Lo que está claro es que esto no se parece mucho al jardín del Edén.
Dos – No… Se parecería más bien a…
Uno – A nada.
Dos – Sí.
Uno – Yo también me acuerdo. Hacía muchísimo calor.
Dos – Cada año hacía un poco más de calor.
Uno – Todos los árboles murieron.
Dos – La Tierra se convirtió en un desierto.
Uno – Ya no teníamos agua.
Dos – Acabamos muriendo de sed.
Una pausa.
Uno – Pero entonces… ¿estamos en el infierno, o seguimos en la Tierra?
Dos – ¿Qué más da?
Uno – Tienes razón… Para qué un infierno, si hemos conseguido convertir la Tierra en un horno.
Una pausa.
Dos – Es curioso, por cierto…
Uno – ¿Qué?
Dos – ¿Tú tienes sed?
Uno – No.
Dos – Yo tampoco.
Uno – Habrá que creer que, cuando uno está muerto, ya no tiene sed.
Dos – Alguna ventaja tenía que tener estar muerto. (Una pausa) Ya no tenemos sed… pero seguimos teniendo el mismo calor.
Uno – Somos bien poca cosa.
Dos – Esto me recuerda a la historia de la rana que quería hacerse tan grande como el buey.
Uno – Y se hinchó tanto que acabó reventando.
Dos – O esas burbujas financieras de las que se hablaba antes a propósito de la Bolsa. La Humanidad vivía dentro de una burbuja, que acabó estallando.
Uno – Como ves, los filósofos también dicen muchas tonterías.
Dos – ¿Los filósofos?
Uno – Nietzsche, a propósito de las pompas de jabón, que supuestamente sabían más que nadie sobre la felicidad.
Dos – Sí. La Humanidad entera era una pompa de jabón.
Uno – Y acabó estallando.
Dos – Pop… Y ya está. Nada más.
Uno – Hasta la próxima pompa.
Dos – Que estallará a su vez mucho antes de alcanzar las estrellas.
Uno – Sí, somos pompas de jabón.
Dos – Pero ¿quién hace las pompas…?
El primero vuelve, como al principio, a hacer pompas.

Scroll al inicio