La desgracia, la canción

Le jour de disgrâce chanson de Jean-Pierre Martinez

Letra y música: Jean-Pierre Martinez

Esta canción puede utilizarse, sin carácter obligatorio, en el marco de una puesta en escena, previa solicitud al autor y sin coste adicional de derechos.
El archivo de audio está disponible bajo solicitud, tras haber obtenido previamente la autorización del autor para la utilización del texto de la obra.

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Lettra de la canción

Sur le plus haut trône du monde
Disait Michel de Montaigne
On n’est jamais assis que sur son cul

Un banc dans une ruelle immonde
Ou un fauteuil Avenue Montaigne
On choisit le siège le plus en vue

C’est humain

Mais plus le siège est, haut
Plus dure sera la chute

Hier encore, on les portait aux cieux
C’était des idoles, des saints, des bienheureux
On les vénérait comme des dieux
On les jurait en tout point vertueux

Leurs noms étaient gravés
Aux frontons des chaînes de télé
Leur portrait à la une des revues
Sur la Place des Grands Hommes leurs statues

On louait le talent et l’engagement
Le génie et la modestie
De ces professeurs de vertu
De ces modèles absolus

Des exemples pour les enfants
Des références pour leurs parents

Dans les coulisses dorées
Pendant ce temps
Dans les salons capitonnés
Derrière les portes fermées
Des presbytères, des ministères
Des arrière-salles de concert
Des gens savaient depuis longtemps
Et détournaient les yeux
Pour regarder ailleurs
Des amis trop accommodants
Des obligés voire des voyeurs

Pour les vieux crocodiles
La fête battait son plein
Les proies étaient faciles

Mais quand la coupe est pleine
Arrive le jour où dans le calice
La lie remonte à la surface
Advient le jour de la disgrâce
Ce jour où une goutte de trop
Fait déborder le marigot

Et c’est l’heure du déni
quel objet, quel délit
Comment pouvez-vous croire
À de pareilles histoires

Et les langues se délient
Viennent les témoignages
Oui, tout le monde savait
Pourquoi n’avoir rien dit

La parole de l’un contre celle de tous
Il est bien loin le temps
Des tous pour un, un pour tous
Quand la marée se retire
Même les rois sans maillot
Les satyres sans scrupules
Se retrouvent le cul nu
À poil en garde à vue

Et c’est l’heure des bilans
Des juges, des châtiments
L’heure des prises de conscience
Des complaisances, des défaillances

Docteur Jekyll ou Mister Hyde
Faut-il condamner les deux
Comment pardonner à l’un
Sans exonérer l’autre

De l’état de grâce à la disgrâce
Et des recours en grâce
au coup de grâce

Qui est le plus coupable
Le criminel ou celui qui savait
Et qui n’a rien dit

De cet excès d’honneur, à cette indignité
Encore faut-il s’interroger

Le trône était trop haut
C’était celui des WC

Il est venu le jour de la disgrâce
C’est le moment de tirer la chasse

En el trono más alto del mundo,
Decía Michel de Montaigne,
Nunca se está sentado más que sobre el propio culo.
Un banco en un callejón inmundo
O un sillón en la Avenida Montaigne,
Elegimos el asiento más visible.
Es humano.
Pero cuanto más alto está el asiento,
Más dura será la caída.
Ayer mismo los llevaban a los cielos,
Eran ídolos, santos, bienaventurados.
Los veneraban como dioses,
Los juraban virtuosos en todo.
Sus nombres estaban grabados
En las fachadas de las cadenas de televisión.
Sus retratos en las portadas de revistas,
Sus estatuas en la Plaza de los Grandes Hombres.
Se alababan el talento y el compromiso,
El genio y la modestia
De esos profesores de virtud,
De esos modelos absolutos.
Ejemplos para los niños,
Referencias para sus padres.
Mientras tanto, entre bastidores dorados,
En salones acolchados,
Tras las puertas cerradas
De presbiterios y ministerios,
De trastiendas de conciertos,
Había gente que lo sabía desde hacía tiempo
Y apartaba la mirada
Para mirar hacia otro lado.
Amigos demasiado complacientes,
Favorecidos o incluso mirones.
Para los viejos cocodrilos,
La fiesta seguía en pleno apogeo,
Las presas eran fáciles.
Pero cuando la copa rebosa,
Llega el día en que en el cáliz
Los posos suben a la superficie.
Llega el día de la desgracia,
Ese día en que una gota de más
Hace desbordarse el pantano.
Y llega la hora de la negación:
¿Qué hecho? ¿Qué delito?
¿Cómo pueden creer
Historias semejantes?
Y las lenguas se sueltan,
Llegan los testimonios.
Sí, todo el mundo lo sabía.
¿Por qué nadie dijo nada?
La palabra de uno contra la de todos.
Quedan muy lejos los tiempos
Del uno para todos y todos para uno.
Cuando baja la marea,
Hasta los reyes sin bañador,
Los sátiros sin escrúpulos,
Se quedan con el culo al aire,
Desnudos en comisaría.
Y llega la hora de los balances,
De los jueces y los castigos,
La hora de las tomas de conciencia,
De las complacencias y los fracasos.
Doctor Jekyll o Mister Hyde,
¿Hay que condenar a los dos?
¿Cómo perdonar a uno
Sin absolver al otro?
Del estado de gracia a la desgracia,
Y de las peticiones de gracia
Al golpe de gracia.
¿Quién es más culpable:
El criminal o quien sabía
Y no dijo nada?
De este exceso de honor a esta indignidad,
También hay que preguntarse:
El trono era demasiado alto.
Era el del váter.
Ha llegado el día de la desgracia,
Ya es hora de tirar de la cadena.

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